La curva de la felicidad (o, como diría Xuxa, “ser feliz no está de más”)

La felicidad es un concepto abstracto, ya que a cada persona la hace feliz algo distinto. Algunos aman andar a caballo, a otros les gusta ir a la playa, otros son felices jugando ajedrez, leyendo, aprendiendo, haciendo yoga, estando con su familia, haciendo la vida mejor a otros, ayudando, y un largo etcétera.

Es algo que todos queremos, pero que no es tan fácil de conseguir. Buena parte del tiempo creemos que podríamos, “si tan solo hiciéramos esto”, “si tan solo tuviéramos esto”…

De hecho, existe una “curva de la felicidad”, que te va mostrando tus expectativas de felicidad a lo largo de la vida. Aquí se las presento:

curva felicidad

Se supone que hay diversas razones que van haciendo que vaya cayendo la felicidad con el paso de los años (demasiadas horas dedicadas al trabajo, futuro económico incierto, poco tiempo para uno mismo, expectativas demasiado altas sobre lo que esperamos de nuestras vidas, que luego se ven quebradas con el tiempo, etc.), llegando al peak de insatisfacción alrededor de los 50 años.

Luego de pasada esta edad, vamos aceptando nuestra vida como es, vamos teniendo menos preocupaciones, y vuelve a subir nuestro nivel de felicidad. Esta curva ha sido dibujada en base a numerosos estudios, y representa un patrón que se repite en varios países, especialmente los desarrollados (aquí hay un artículo que habla más sobre el tema – en inglés).

Existe, además, mucha presión por “ser feliz”. Leemos el diario, y en todas partes hay 50 consejos para ser feliz, 30 cosas que tienes que hacer, y otros tantos artículos del estilo. Vemos Facebook o Instagram, y todos se ven 100% felices todo el tiempo. Y eso genera una expectativa muy grande, haciéndonos sentir frustrados por no alcanzar ese momento orgásmico, ese estado-Nirvana tan esquivo. Y, en perseguir la felicidad, se pueden ir las reales posibilidades de alcanzarla.

A la mierda con todo eso! Hay que ser uno mismo no más. Olvidarse de las expectativas, de las obligaciones, y del “tener que ser” feliz. Uno es un ser humano, con días buenos, días malos, y muchos días planos en los que no pasa nada ni muy interesante, ni muy trágico.

Dedicar demasiado tiempo a pensar “tengo que ser feliz, tengo que ser feliz” nos pone la vara demasiada alta, y hace que siempre queramos más, dejando de disfrutar el presente y los pequeños detalles en donde está “el sabor” de la vida. No es necesario estar en Disney, viajar al sudeste asiático (disclaimer: igual puede ayudar) o tener un Ferrari para ser feliz. Al revés: creer que eso lo solucionará es como tomarse una aspirina pensando en que te va a curar el resfriado. Es decir, solo ataca el síntoma, pero no la enfermedad.

Preocúpate de ser tú mismo, y no sería raro que la felicidad llegue sola. Y si no llega, no importa: como no estabas pensando todo el rato en que tenías que ser feliz, pues no te deprimirá el hecho de no serlo.

No “ser feliz” no significa “ser triste”.

Además, te has preguntado realmente ¿qué es ser feliz? La felicidad nos la pintan como un momento de éxtasis (ver cualquier comercial de Coca-Cola, la gente gritando un gol en el estadio, o cualquier cuenta de Instagram), pero tal vez tenemos ese concepto errado.

Para mí, ser feliz es estar bien. Bien conmigo mismo, bien con la gente que me rodea, bien con las cosas que hago. No lo asocio a estar todo el día con una sonrisa en la cara, ni con un sentimiento de euforia en el cuerpo las 24 horas del día.

¿Qué es para ti la felicidad? ¿Eres feliz?

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