Tus debilidades no valen nada.

entrenamiento

Este es uno de los temas que mas sentido me han hecho en bastante tiempo, y lo leí por primera vez en un libro de Peter Drucker (The Essential). No solamente se aplica al trabajo, sino a casi cualquier cosa que hagamos en la vida.

¿De qué hablo? De un viejo clásico: nuestras fortalezas y nuestros puntos débiles. Para los que no se tomaron el Ritalin hoy, les adelanto la conclusión: no importan nuestras debilidades, solo importan nuestras fortalezas.

Esto, que parece tan obvio en un equipo de fútbol (“pero si Pepito es arquero, como lo vas a poner de delantero!”; “oye, Rodolfo es defensa, por eso está jugando mal al medio”), nos resulta tan difícil de homologar cuando se trata de las aptitudes de las personas.

Quizás el tema parte en la educación. Tanto en el colegio como en la universidad, se premia a los que sacan el mejor promedio de notas, es decir, al que le va bien, o casi bien, en todo. Digamos que a Pepito le va mal en Biología. Todo el esfuerzo y todo el foco de los profesores y padres es que el niño mejore sus notas en ese ramo. ¡Pero por qué diablos tiene que ser bueno para la biología un niño al que quizás ni siquiera le interese ni le llame la atención esta materia!

Sin embargo, Pepito es muy bueno en la clase de Historia. Pero a nadie le preocupa eso, ya que sus notas mantienen a los padres y profesores tranquilos. Pepito, además, se apasiona cada vez que lee un libro de Historia.

¿Por qué Pepito tiene que mejorar en Biología, siendo que lo que le gusta hacer y en lo que le va mejor, es Historia?

¿Por qué nuestro sistema educacional se enfoca en mejorar algo para lo que somos malos, para alcanzar un nivel regular o aceptable, siendo que si dedicáramos el mismo esfuerzo, tiempo y dedicación a lo que realmente nos gusta y queremos hacer, podríamos alcanzar niveles niveles mucho más altos de perfección y felicidad?

Bueno, esto mismo se aplica al trabajo. No importa para qué somos malos. Lo que realmente importa es para qué somos buenos. La pregunta es, entonces: ¿estamos invirtiendo nuestro tiempo y nuestro esfuerzo en las actividades que nos gustan, y para las cuales somos realmente buenos? ¿Qué le estamos exigiendo a la gente que trabaja con nosotros, que mejore en Biología o que se dedique a la Historia?

Como dice Drucker, respecto a las capacidades de una persona para el puesto de trabajo: “all that matters is that he can get the job done”. Es decir, lo único que importa es que la persona sea capaz de lograr que se haga correctamente el trabajo.

Sabias palabras.

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