Afeita-dos

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Existen ciertos rituales que son muy masculinos, y que están cargados de simbolismo detrás. Uno de los principales: afeitarse.

Me acordé de este tema porque coincidió que leí el post de “…¡Y yo con estas barbas!” con algo que había vivido hace unos días.

Creo que podría resumir “la importancia de la barba” en 3 temas principales:

  1. Es un momento simbólico del paso de la niñez, a la adultez.
  2. Nos transporta a esa época “tan especial” que es la adolescencia.
  3. Está muy ligado a la relación padre-hijo, ya que el padre le traspasa al hijo su experiencia en este momento tan especial.

La barba es una nueva responsabilidad que surge en la adolescencia, de la cual debemos hacernos cargo, ya sea para eliminarla periódicamente, o para “hacerle la mantención”.

En ese momento de la vida, es TEMAZO, y uno quiere que le salga YA, para no sentir que te estás quedando fuera del grupo. Algunos deben esperar incluso hasta la universidad para que se consoliden esos pelillos, y otros sencillamente nunca tendrán una barba decente (lo siento).

Luego, vienen altos y bajos, momentos definitorios en que uno siente que se ve mejor con barba, sin barba, con un poco de barba, estilo frondoso, bigotes, etc.

Incluso hay estudios pelotudos muy serios que indican que la barba de 10 días te hace más atractivo hacia las mujeres, y mas de algún vanidoso se lo cree.

Bueno, la cosa es que la barba siempre requiere que estemos pendiente de ella, que tomemos decisiones pensando en su futuro, lo que finalmente termina haciéndola importante y parte de nuestra identidad.

Lo que quería compartir realmente es que el otro día viví un momento padre-hija increíble. Y es en estos detalles en donde estoy seguro de que se forman los grandes-pequeños recuerdos: A la mayor la dejé que me afeitara.

Parece algo simple, casi tonto, pero fue muy simbólico para los 2. Ella se sentía especial de que la dejara hacer esto tan lejano a su mundo, y muy ligado al concepto de papá.

Me pasaba la máquina con mucho entusiasmo por la cara, y me hacía preguntas. ¿Está bien así? ¿Te estoy haciendo daño? ¿Cómo tengo que tomar la máquina? Preguntas que quizás uno mismo se hacía antes de afeitarse por 1a vez.

A su vez, este acto que se vuelve tan cotidiano, vuelve a tener por ese instante la connotación ritualesca de antaño. Te hace volver a pensar en esos detalles que se automatizan con el tiempo, pero que alguna vez fueron preguntas.

Y dejas entrar a tu hija en ese momento íntimo, pasa a formar parte de esa historia más grande que tienes con tu barba. Y para ella también es importante que le des esa responsabilidad. Se genera un nexo, y los recuerdos de tu niñez se mezclan con los de ella.

Lo más lindo de todo es que esto no es algo explícito, sino algo que se lee entre líneas, que está ahí, que se siente, pero que uno no piensa en ese minuto. Simplemente, es.

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2 thoughts on “Afeita-dos

  1. ¡¡Heyyyyyy…!!! ¡¡Gracias mil por enlazar el post…!! Y es que, efectivamente, la barba puede ser un TEMAZO… Yo, simplemente, ya te digo que de momento ando en la etapa en que mi cara “pincha”, y poco más; pero me encantará comprobar que en un futuro, mi barba pueda adquirir otra dimensión y otro interés, y quizás pueda experimentar otras vivencias, mucho más interesantes, como la que nos cuentas… 😉

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