Mamá Profesional vs Papá Amateur

amateur vs profesional

Una de las cosas que admiro de la mamá de las terremoto es su nivel de conocimiento y manejo en la crianza de las enanas. Es algo que siempre he sabido que hace mejor que yo, pero que solo con el tiempo he podido explicar y resumir en este único concepto: una profesional.

Sospecho que en un gran porcentaje de las familias, esta situación se repite. La mamá es la que realmente dicta el curso de los hechos en la casa. Los padres opinamos, ponemos ciertos límites, pero al final es la mujer la que la lleva.

Ya en el embarazo uno puede empezar a notar la diferencia. Durante esos 9 meses, se preocupan de preparar la casa, tomar los alimentos adecuados, suplementos, ácidos fólicos, etc. Además, comienzan a leer todo sobre el cuidado de los bebés, sobre el parto, si es mejor natural, cesárea, con o sin anestesia, etc. Y es natural, porque se viene una tarea titánica, y mal que mal, no hay una escuela en donde enseñen a ser madre.

Mientras tanto, los hombres miramos con cara de bobos como va creciendo esa panza, aún sin creernos mucho esos comentarios como “aprovecha de dormir”, y creyendo que sí, que las cosas van a cambiar, pero que tampoco puede ser para tanto. Lo que no sabemos, es que la mujer ya ha dado sus primeros pasos hacia el profesionalismo, mientras los hombres seguimos sin darnos cuenta de que “estamos en la B”.

Luego viene el parto y, una vez fuera, la mamá profesional empieza a poner en práctica todo lo que ha leído los meses anteriores. Además, comienza a tejer sus redes de contacto y de apoyo, en donde comparte sus penas y alegrías con otras madres que están en la misma. Se pasan datos, se ayudan, se apoyan.

Y ahí, recién, el papá amateur como que se empieza a dar cuenta de que algo está empezando a cambiar (¡ya empezó hace rato, pelotudo!). Como que, claro, ya no todo es exactamente igual que antes y, hmmm, tal vez tiene razón la iñora cuando dice que “sería bueno” si la pudieras ayudar para que pueda descansar, en vez de ir a jugar ese partido de fútbol que tenías programado.

Y luego viene el amamantamiento, el apego en todo su apogeo y los cambios de pañales. Y, oh, sorpresa, resulta que ahora la mamá maravilla también tiene un PhD en cacas (consistencias, colores, etc.). Pero…¡en qué minuto! Momento, quizás cuando estaba viendo ese partido del Arsenal ella…¿puede ser que…? Sí! Estaba leyendo libros que hablaban de la cacá de los bebes.

Después empiezan los primeros colados, en donde uno se empieza a sentir como un futbolista calentando al costado de la cancha, seguro de entrar a aportar al equipo, y los primeros pasos, en donde las hacemos de personal trainer, y ya creemos que estamos emparejando la cancha en cuanto a sacrificio y esfuerzo (ja!).

Comienzan a crecer, y uno cree que llegó la hora, que este es nuestro momento de demostrar lo que valemos, que para algo nos hicimos padres. Pero luego se dan un simple golpe en la rodilla, y por alguna “mágica” razón, prefieren irse directo con la madre. Y nos preguntamos “¿por qué siempre prefiere a la mamá?”; “¿por qué no querrá conmigo?”. Claro, existe una parte biológica, sin duda, pero aparte del instinto de mamá, esa mujer te lleva 20 años de ventaja en cuanto a preparación. No solo es probablemente más empatica por naturaleza, sino que también ya ha leido 10.000 páginas y artículos, y ha conversado con otras mamás para saber cómo hacer sentir bien a tu hij@ para cuando se pega en las rodillas. Porque seguro que hay una técnica especial para eso, y tu mujer la conoce (y tú no)!

Yo reconozco ser mucho, muchísimo menos preocupado de ser un profesional de la crianza, y la verdad es que agradezco que el alma matter sí lo sea. Se nota en los detalles (uno cree que no, pero al final por algo la mayoría de las veces prefieren a la mamá), pero también en cosas más importantes. Por ejemplo, hace un tiempo la madre de las criaturas se fue con la mayor y sus amigas a un parque. Al rato, me llama diciendo que nuestra peque se habia caido y se había hecho un corte debajo de la pera, de esos que sangran un montón, y que vaya rápido a buscarla porque hay que ir a la clínica. Después del estrés y la agitación que me provocó la noticia (yo estaba en casa bañando a la otra), salgo corriendo, y ella se sube al auto, preocupada por supuesto, pero con la situación completamente dominada. No se de donde saco algo para detener la sangre y neutralizar la herida, y la niña parecía mas tranquila que yo. Guau, que manejo! Sin ninguna herramienta en mano, se las ingenió para resolver muy bien la situación. Y ahí es cuando uno agradece el nivel de maestría alcanzado. Es que con mujeres como esa, para que quiere uno un seguro de salud.

La madre, además, intenta balancear el asunto. Se siente culpable de que siempre la elijan a ella, y trata de balancear un poco el asunto, y les dice a los niños “va, deja que tu padre te ayude“, pero no hay caso. Y al revés también: a veces a uno le encomiendan una simple labor “por favor, lo único que te pido es que no entre al cuarto” y ZAS que le da a la criatura con que quiere entrar, que quiere estar con la madre, que tiene justamente en ese minuto tiene que hacer nosequécosa, etc., y es uno el que se siente mal de no poder aliviar a la mami ni un solo segundo.

Bueno, la cosa es que las mamalumbas vienen setteadas de manera especial, pero también se entrenan más y mucho más duro en esto de la crianza. Por supuesto que hay padres que también son profesionales, sino, basta ver a los Papás Blogueros, grupo de hombres muy motivados y proactivos en los temas de crianza.

Todos los demás, y me incluyo, somos unos amateurs de la crianza. No significa que seamos malos padres (de hecho, yo me considero un buen padre, aunque viene de cerca la recomendación, haha), sino que no alcanzamos el mismo grado de sabiduría y perfeccionamiento que nuestras queridas mujeres, en la sutileza

En mi caso, trato de compensar la falta de profesionalismo con mucho cariño, con estar presente, con escucharlas con respeto y tratándolas como a futuras adultas más que como bebés. Intento aportar haciendo bien las cosas para las que sí soy bueno. Por ejemplo, doy lo mejor para que me vaya bien en el trabajo y que así la madre pueda tener la posibilidad de estar más tiempo con ellas, lo cual sé que es muy importante para ellas, aún cuando todavía no sean muy conscientes de la suerte que tienen. También soy bueno para motivarlas con las cosas que me gustan, y para enseñarles cosas de manera entretenida. O para hacerlas reir.

Pero me alegro profundamente de tener a una madre profesional a mi lado 🙂 .

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