Una noche de hotel (a 5 cuadras, y con las niñas)

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A mediados de Diciembre, iba yo subiendo en el ascensor del trabajo con un compañero, y le decía que yo no era de los que pasaban ganándose cosas en los concursos. Esto debe haber sido un Martes, y el Viernes teníamos la fiesta de fin de año de la empresa en un hotel.

Bueno, tomamos el aperitivo, nos sentamos a comer, nos mostraron algunos videos divertidos, y nos contaron que iban a sortear una noche en el hotel. Yo estaba cerca del escenario, en donde se hacía el sorteo. 1er número…” Juan Gómez, al agua!”. 2o número, Juanita Pérez…”al agua!”. 3 el número, la encargada del concurso mete si mano, saca el papel y lee para si misma, antes de leer en voz alta, “PawaMan”. Como estaba cerca, lo supe antes de que lo leyeran en voz alta, aunque no lo alcancé a creer hasta que lo dijo fuerte y claro. Y ahí estaba yo, arriba del escenario, celebrando mi premio: una noche para 2 en el hotel.

Por supuesto que ese fue el tema de conversación con todos los que hablé después del sorteo. Me preguntaban que cuando vendría, que qué suerte poder tener una noche con mi señora para descansar y olvidarnos de los niños un rato.

Y me fui yo con mi premio a casa, paso un tiempo, y decidimos que ya lo queríamos usar. Y la señora Asi como lo pienso me hizo una propuesta indecente: “¿Y si vamos con las niñas?“. No me lo esperaba, pero luego de un par de vueltas decidimos que sí, que íbamos con ellas, y que lo transformaríamos en una aventura.

Y así fue. Nada más les dijimos, empezaron a saltar de alegría, aunque la mas chica creo que ni siquiera sabía qué estaba celebrando. Pero qué importa, si estaba feliz!

Pronto entendió que iba a tener que hacer una maleta, cosa que triplicó su felicidad. Como 2 días antes, ya la tenía completamente cargada y lista para la travesía. Lo mismo la mayor, encantada con este cambio de rutina. Mientras tanto, los papis poniendo 2 cosas en una mochila, y ya está.

Y así fue como partimos al hotel…que quedaba a 5 cuadras de nuestra casa. Como diría mi amigo Neil, un pequeño paso para el hombre, un gran paso para las pequeñas.

Una vez con las llaves, subimos a la habitación y las ladies entraron vueltas l@c@s a tocarlo todo. Las camas, la televisión, los baños, prendieron y apagaron las luces, revisaron el frigobar, se miraron en el espejo… Luego desempacaron, nos pusimos los trajes de baño, y nos fuimos a la piscina, que quedaba en el techo del hotel, asi es que más encima teníamos vista panorámica.

noche en el hotel

Después nos fuimos a vestir, y salimos a cenar afuera, lo cual también disfrutamos, a pesar de que empezó a hacer un poco de frío y andábamos muy veraniegos (porque claro, era verano). Las peques se sentían muy importantes de estar saliendo con nosotros en la noche, a comer afuera, con toda la entretención que puede dar el poder pedir la comida y las cosas para tomar.

Después de un rato, volvimos al hotel, y a ver televisión y relajarse por parte de ellas, y a leer un poco por parte de los oldies de la habitación. Juntamos las camas, y dormimos en patota.

A la mañana siguiente ÑAM, a desayunar. La variedad de cosas era algo muy novedoso para ellas, a pesar de que al final no probaron mucho. Se entretuvieron tostando el pan, poniendo la leche (“Papi, yo la pongo!”) y ayudándonos con la comida.

Después, de vuelta a la piscina para aprovechar el poco tiempo que nos quedaba antes del check out. Volvimos a hacer las maletas, y luego las dejamos en custodia y nos fuimos a ver a unos amigos que viven cerca. Luego de eso, a buscar el auto y para la casa.

El hotel en sí la verdad es que no era ninguna maravilla, pero lo cierto es que lo pasamos muy bien gracias a la emoción de las pitufas. Con decir que queda a pocas cuadras de mi trabajo, asi es que habían varias dudas a que de verdad pudiese sentirse como una desconexión, pero finalmente sí que se sintió muy bien el haber roto la rutina, y más con toda la emoción que significó para ellas.

A veces uno se mecaniza con la rutina y el día a día, pero los niños te ayudan a redescubrir que cada cosa, por más pequeña que sea, puede ser una fuente de inspiración y de magia. Que en los detalles hay mucha felicidad, y que hay que detenerse y pensar que tal vez eso que parece rutina, puede en verdad ser un ritual. Que esas cosas que “son obvias”, en verdad no son tan obvias, y que pueden estar cargadas de magia. Jamás pensé que ponerle mantequilla a un pan pudiese llegar a ser algo tan entretenido.

El regalo finalmente lo usamos de una manera muy distinta a lo que me imaginé originalmente, pero fue una experiencia muy buena y, la verdad, muy recomendable. No es necesario irse a un hotel, esto puede ser desde acampar a pedirle la casa a los abuelos, la cosa es que es posible crear un espacio de magia a partir de una actividad muy simple, de un pequeño cambio a la rutina, y crear una memoria que será imborrable para tu hijo/a, un recuerdo, un espacio que siempre recordará con cariño.

¿Qué más se puede pedir? 🙂

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