Todos somos actores

A photographer looking into a SLR camera as she points with her other hand.

Todos somos actores. Aunque siempre se mire en menos a la gente que se comporta de una manera cuando está con algunos, y de otra cuando está con otros, la verdad es que todos actuamos, de cierta manera.

Las personas tenemos una capacidad muy grande de adaptarnos a las situaciones, a las personas, y a los lugares en donde estamos. Muchas veces esto es visto como una característica negativa, pero lo cierto es que, al menos del punto de vista adaptativo, es algo muy bueno, ya que nos permite subsistir y congeniar con el “medio ambiente”.

Es curioso, pero si uno lo piensa, uno juega distintos roles según las circunstancias que le toca enfrentar. Por ejemplo, Pedrito es el menor de 3 hermanos, y es jefe del área de operaciones de una empresa. A su vez, participa en una fundación que ayuda a los niños discapacitados, los Jueves juega de delantero en el equipo de su barrio, los Viernes se junta religiosamente con su mejor amigo a tomar una cerveza, y el resto del tiempo lo pasa con sus hijos y su mujer, con quien sale 1 vez al mes a comer.

Cuando Pedrito está con sus hermanos, habla poco, se ríe de sus chistes, y nadie le consulta mucho su opinión cuando se trata de decidir asuntos familiares, pero a él no le importa mucho porque esa siempre ha sido la dinámica familiar. Sin embargo, si en el trabajo alguien toma una decisión sin pasar por él, se molesta profundamente con la persona que se lo saltó.

No importa cuan duro haya sido su día, su corazón siempre se ablanda cuando va a la fundación a trabajar con los niños. Le hace sentir muy bien el poder ayudar, y se acuerda de que realmente existen problemas mucho más grandes que los que el enfrenta en el día a día. Ayudar de esta manera le hace olvidar todos sus problemas.

Al jugar en el equipo de su barrio, es el que se lleva la mayor responsabilidad, puesto a que es el encargado de hacer los goles, y el resto del equipo depende fuertemente de él, razón por la cual lo cuidan cada vez que un rival le da un golpe duro, o trata de meterse con él. El es el líder. Una vez acabado el partido, todos se olvidan del resultado y se enfocan en compartir y pasarlo bien, ya que tienen una relación de años, la cual es más importante que el partido en sí.

Llegada la hora de juntarse con Juan el Viernes, Pedrito se transforma en una persona mucho más sensible, que escucha los problemas de su compañero, y el mismo se abre para contarle sus penas, miedos e inseguridades. Luego de un par de cervezas, comienzan las bromas de grueso calibre y las burlas, pero todo en un tono que fortalece la amistad y que los hace recordar y reírse mucho.

Al momento de estar con sus hijos, se transforma en un árbitro, en un mediador que trata de solucionar los conflictos y peleas entre sus hijos. Además, intenta darles consejos, traspasarle parte de su experiencia, protegerlos, e indicarles lo que está bien y lo que está mal (al menos según su punto de vista). Con su mujer, hablan de cosas prácticas: a qué hora hay que pasar a buscar al menor, qué hay que preparar para el colegio mañana, con quién se van a juntar el fin de semana, qué cosas hay que comprar en el supermercado, etc.

Pero cuando salen a comer, hablan de otras cosas: qué cosas sienten que no hacen bien en la crianza de sus hijos, cómo se proyectan como pareja, qué cosas podrían deben mejorar y qué cosas son las que le molestan del otro. Recuerdan los viejos tiempos en que tenían tiempo para ver películas y dinero para viajar. Cierran la noche tomados de la mano, diciéndose que aprecian lo que el uno hace por el otro.

Este Pedrito es la misma persona en cada una de la situaciones que repasamos, sin embargo su comportamiento y su rol es muy distinto en cada una de la situaciones. Él no está actuando, ni mucho menos fingiendo. Está siendo absolutamente auténtico en cada una de las cosas que hace y dice, aunque estas sean expresadas en tonos y formas totalmente distintos, según sea la persona con que esté.

Y es que es así, todos jugamos distintos papeles en nuestras vidas, muchos de ellos de manera simultánea. Por eso, a veces pasa que nuestras parejas encuentran que nos comportamos “raro” cuando estamos con un amigo, o que somos “mamones” cuando estamos con nuestras madres. ¡Tienen razón! Efectivamente estamos actuando de manera distinta, ya que con esas personas tenemos otras relaciones, a las cuales nuestra pareja no necesariamente ha estado expuesta y que, por lo mismo, tal vez no entiende del todo.

Y no solo ocurre esto cuando estamos en situaciones sociales: también ocurre de manera individual. Podemos, por ejemplo, botar la colilla del cigarro al suelo, pero a su vez preocuparnos de reciclar nuestra basura. No tiene mucho sentido, pero dependiendo del contexto, podemos actuar de una manera u otra.

Es útil entender esto, ya que nos permite entender situaciones como “es que ya no te comportas como lo hacías antes”. Puede ser que la persona esté jugando otro rol: antes era un Don Juan, cuyo papel era enamorar a su mujer, pero ahora predomina su instinto de proveedor, o las tantas otras miles de combinaciones de funciones que podemos estar jugando.

También es práctico en el trabajo. Si nos sentamos un segundo a ver cómo se comportan las personas que nos rodean, podríamos conocer y entender muy bien los intereses y las dinámicas relacionales que están en juego. 

Observar detenidamente los roles de las personas nos entrega información muy íntima de ellas, probablemente cosas que jamás nos dirían ni nos confesarían, pero que son muy evidentes cuando las analizamos en detalle. Nos habla mucho sobre qué es lo que le importa y qué es lo que mueve a la persona en su relación con la persona con que está interactuando. Si se pone amoroso con la pareja, significa que le importa estar en gracia con ella, hacerla sentir bien, etc. Si le impone reglas a los hijos, puede significar que considera necesario fijar normas estrictas en ciertos temas para que su hijo se desarrolle bien, lo que quiera que eso signifique. Si es muy simpático con una autoridad, probablemente sea porque quiere obtener algún beneficio de ello.

Otro tema curioso es que muchas veces estos roles se pueden perder en situaciones extremas. La simpatía puede pasar a ser agresividad, el liderazgo puede pasar a ser miedo…pareciera ser que estos papeles tienen tienen distintos grados de transparencia: algunos son más actuados, y otros corresponden a una actitud real, aún cuando esta pueda depender de la situación y el contexto en que esté la persona. En las situaciones límite, las personas tienden a manifestar actitudes más sinceras (y muchas de ellas pueden desagradables). 

Todos tenemos un componente actoral importante. Todos nos comportamos distinto dependiendo de dónde y con quien estamos. Esto no es algo malo, pero sí es cierto que hay que tener la sensibilidad suficiente para entender por qué una persona a la que estimamos, se puede comportar tan distinto a “lo que conocemos”.

Y tú, ¿qué papeles juegas?

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