La historia de Dr.Click, mi emprendimiento (parte 1 de 4)

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Cuando pensé en escribir este blog, la principal historia que quería contar era ésta, la de Dr. Click, mi (fallido) emprendimiento. Fue una experiencia dura, pero de la cual aprendí muchísimo, y tenía muchas ganas de compartirla, también como una forma de “cerrar el círculo”.

Me cuesta saber por donde empezar . Cuando hablo de Dr. Click, engloba tantas cosas, tantos temas, que no sé por cual partir.

El emprendimiento es un tema que me apasiona, del cual podría leer infinitas horas. Me encantan las historias asociadas a él, tratar de entender la personalidad de la gente que está detrás de cada historia, conocer la mezcla de suerte, atrevimiento y sacrificio que hay detrás de cada emprendedor.

Bueno, voy a partir por el principio. Me voy a remontar a los años de colegio. Yo no tuve la típica historia del emprendedor que a los 10 años ya comercializaba chicles con sus compañeros de colegio, y que a los 15 ya había tenido 3 “empresas”. Para nada, todo lo contrario. Yo más bien era el típico alumno estudioso, que causaba pocos problemas, y de muy bajo perfil.

Me fue muy bien en el colegio, entré a una buena universidad, y hasta el momento parecía la típica historia de una persona que termina siendo ejecutivo de una multinacional, cosa que en el minuto no me molestaba para nada, teniendo como espejo a mi hermano que trabajaba en Unilever, y que había tenido una muy buena carrera y experiencia allí.

Siempre he sido una persona muy creativa, y poco a poco esta creatividad se fue transformando en que veía una oportunidad de negocios prácticamente en cada cosa que veía. Pero, hasta el momento, no había ningún indicio de que yo fuese a emprender. Más bien, era candidato a hacer un MBA o algo por el estilo.

Pero tuve una experiencia que me cambió la vida: me fui de intercambio a Holanda el año 2004. Debo reconocer que en un principio estaba bastante indiferente a la idea, pero uno de mis mejores amigos fue cocinando y posicionando lentamente la idea en mi cabeza. 100 dólares fueron los que hiciera que tomara la decisión final.

A veces hay cosas que nos hacen hacer un switch mental, por muy pequeñas o tontas que sean. Para irnos de intercambio, era necesario tomar el TOEFL (test de inglés), el cual costaba USD $100. En el minuto que que pagué e hice el examen, mentalmente dije “ya, ahora ya invertí $100, no puedo no ir”. Así de absurdo. Así de determinante.

Bueno, la cosa es que hice las maletas, y a principios del 2004 me fui a Holanda. No voy a contar la experiencia aquí, ya que eso da para 1 o más posts por sí sola, pero si puedo decir que irme de viaje por este tiempo me ayudó a hacer un cambio y un crecimiento mental importante. Estuve por primera vez solo durante 6 meses, muy lejos de mi casa. Por 1a y única vez en mi vida, tomé la decisión consciente de no ser responsable en el sentido académico, y de disfrutar la experiencia al máximo, aún cuando eso significase atrasarme en la universidad 1 semestre (más encima, al final no me atrasé).

Ya desde el primer día fue una experiencia alucinante: conocer gente de muchísimos países, vivir todos juntos en un mismo edificio, todos con las mismas energías, ganas, etc. Tener que organizarme solo, viajar como enfermo de la cabeza, alimentarme a manzanas y pan con queso, dormir en la calle, ser vapuleado por ser sudaca, tener un amor de intercambio, quedarme sin documentos y billetera en pleno viaje, amanecer con los pies hinchados de tanto caminar luego de 2 meses sin parar de viajar, caminar bajo la lluvia, la nieve, disfrutar del sol, de los amigos, quedar en calzoncillos en una estación en Paris, manejar 3 días prácticamente sin dormir, ¡conocer a tu futura esposa y madre de tus hijos, aunque en ese minuto ni se te ocurriera!  Wow, una experiencia tremendamente intensa y gratificante. En 6 meses viví más de lo que había vivido toda mi vida hacia atrás. Despertaba todos los días feliz, con una sonrisa de oreja a oreja, y me decía a mi mismo “no puedo creerlo, esto es demasiado bueno para ser verdad!”.

Supongo que no todo el mundo lo vive igual, pero lo cierto es que a mi me cambió la vida, y me cambió también la mentalidad. Dejé de ser esa persona tan introvertida, tan quieta, y pasé a ser alguien con mucha más sed de experiencias, de hacer cosas distintas, de salirme del molde, de no aceptar el camino pavimentado, sino de buscar tu propio camino, encontrar tu propia verdad. Aprender con la experiencia. La semilla de la inquietud, la semilla del emprendimiento, estaba plantada.

Luego de regresar de Holanda (y pasar como 1 año bajoneado, no creyendo ni aceptando que había vuelto a la rutina), terminé la carrera, y me puse a trabajar…en una empresa multinacional. Es decir, volver al camino preestablecido. Pero algo ya había cambiado dentro de mí. Ya tenía ganas de hacer algo distinto, algo que cambiara el destino.

Ya con mis compañeros de trabajo empezamos a pensar en ideas de negocios, cada uno por su cuenta. A uno le apasionaba el campo, e imprimía hojas y hojas sobre el cultivo del aceite de oliva, para ver cómo lo podía transformar en negocio. También recuerdo que trató de hacer crecer unos nogales, pero no le resultó. Otro de mis compañeros también tenía claro que quería emprender, y terminó haciéndolo de buena manera. Hoy es dueño de una agencia digital exitosa, y ha podido permanecer independiente con buenos resultados.

En paralelo, siempre he sentido que personalmente tengo mucha suerte de haber tenido una buena educación, y de haber gozado de una tranquilidad que la mayoría de las personas no tiene. Sin tener una gran fortuna, nunca estuvo ni cerca de faltarnos nada que pueda comprar el dinero. Y de alguna manera sentía (y siento…) que tenía que devolverle a la sociedad estas oportunidades que me había dado. Y, pensaba yo, que la forma en que estaba más preparado para hacerlo, era formando una empresa que le pudiese dar empleo a personas.

Bueno, la cosa es que se me presentó una oportunidad laboral, aún como trabajador dependiente, en donde tendría la posibilidad de realizar una especie de intraemprendimiento (emprender dentro de una empresa ya constituida). A pesar de que nunca había oído nombrar a la empresa, no lo pensé 2 veces ya que para mí era la opción de aprender, para más adelante poder volver a emprender. Aún no estaba casado ni tenía hijos, pero ya estaba en Chile mi futura chimichurri, quien valientemente dejó todo lo que tenía en Barcelona y se vino a Santiago.

Mi experiencia laboral fue fantástica: me toco formar equipo, crear los servicios, ponerles precios, decidir cómo se iban a vender, crear los materiales de venta, ir a cientos de reuniones en las más diversas empresas e industrias…una labor sumamente gratificante y enriquecedora, a pesar de que los negocios que montamos nunca generaron muchos ingresos. Formé una muy buena relación con casi todas las áreas de la empresa, me tocó trabajar directo con el gerente general, los socios. Buenísimo!

Y, luego de un tiempo, en la misma empresa, me dieron la posibilidad de empezar un nuevo negocio desde cero, en una industria que también era nueva (las SGR, o Sociedades de Garantías Recíprocas). Ahí si que tuve que hacer de todo, desde conseguir la planta telefónica, hasta negociar convenios con Bancos, lograr una clasificación de riesgo positiva para la empresa, negociar fondos públicos, echar a andar la contabilidad, armar equipo, conseguir las primeras ventas, etc.

Mientras hacía todo esto, nos casamos y luego nos transformamos en padres por primera vez. El tiempo iba avanzando rápido, y teníamos planes para tener a nuestra 2a hija en un lapso de diferencia breve. Mis ganas de emprender eran cada vez mayores, sobre todo teniendo en cuenta que había aprendido bastante.

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Uno de los tantos libros que me leí para “ser mejor emprendedor”

Por otro lado, mi padre había intentado emprender hace bastante tiempo, y luego, ya en esas edades en que cuesta encontrar un nuevo trabajo, decidió comprarse una PYME, lo cual finalmente concretó. Con el paso del tiempo, la fue haciendo crecer. En mi cabeza yo veía que se podía, que era factible, que era real.

Su PYME editaba 2 directorios, uno de la minería (Direcmin) y otro de la Salud (Direcmed). Sin ser una persona tecnológica, mi padre se dio cuenta de que HABÍA que tener un sitio web y, por lo tanto, subió las bases de datos de las empresas mineras, y de los médicos a internet. Al poco tiempo…oh…sorpresa! El sitio de Doctores llegó a cerca de 70.000 visitas mensuales, como diría Gerardo Baeza, sin moverse de su escritorio. Pero, al no ser un techie nato, nunca se decidió a hacer nada nada con ésto.

Por otro lado, yo siempre he sido un amante de la tecnología. Tuve mi primer computador a los 12 años aproximadamente, y he pasado muchas y largas horas durante mi infancia, adolescencia y adultez frente a un computador, pero porque siempre me ha gustado. En un principio eran juegos, y luego llegó internet para abrirme un mundo de información. Yo incluso me conectaba a los BBS, que eran comunidades locales en que las personas chateaban, compartían archivos, y discutían en base a determinados tópicos, y en donde pude enviar mis primeros e-mails (es decir, las bases para lo que después vino con la revolución de Internet).

Luego vinieron los juegos en línea, el ICQ y el messenger, Netscape, Napster, Winamp, Explorer, los smartphones, conexión móvil, etc. etc., etc.

Conectando varias de las cosas que me estaban rodeando (ganas de emprender, ganas de devolver a la sociedad lo que me había dado, apuro al saber que pronto sería demasiado tarde ya que con niños se hace más complicado, mi pasión por la tecnología y el éxito de visitas que vi que tenía el directorio de médicos de mi padre), decidí que era ahora o nunca.

Empecé a pensar en qué cosas se podrían hacer con los médicos y, entre esas ideas, se me ocurrió hacer un sistema de reserva de horas en línea para todos los doctores de las consultas privadas, de manera que pudieran poner su agenda disponible a personas que necesitaban reservar una hora rápido.

Así nace la idea de Dr. Click.

Continúa con la 2a parte aquí.

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4 thoughts on “La historia de Dr.Click, mi emprendimiento (parte 1 de 4)

  1. Gran historia Pablo!! En general comparto tus comentarios, sólo tengo una visión alternativa cuando escribes “antes que sea demasiado tarde”. Es cierto, que cuando uno tiene una responsabilidad financiera (como mantener una familia con niños) es más difícil emprender, pero yo creo que nunca es demasiado tarde. Enfócate en ser felíz en lo que haces y los resultados tienen que llegar. Mucho éxito!!

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