Llevando el sueño a la realidad (La historia de Dr. Click – parte 2 de 4)

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Continúa la historia. Si te perdiste la primera parte, la puedes encontrar aquí.

Calentando motores

Tal como les contaba en el post anterior, ya teníamos los ingredientes principales para comenzar esta aventura: las ganas, una buena idea, y la decisión tomada de comenzar algo nuevo, tema que ya había sido visado por my wife, quien había tenido una muy mala experiencia familiar con el emprendimiento en el pasado, y que no tenía muchas ganas de volver a pasar por lo mismo.

Ahora tocaba comenzar a ordenar esos pensamientos sueltos en la cabeza, y llevarlos a la realidad. Y aquí, enseñanza Nº1: las ideas valen mucho menos que la ejecución de las mismas. Es decir, lo difícil más es hacer las cosas, no que se te ocurran. De hecho, hay una charla TED bien interesante que indaga sobre las razones para el éxito de una start-up.

Se me empezaron a venir a la mente varios modelos de negocios y servicios que se podrían entregar, y uno de ellos fue un sistema en que las personas pudieran reservar horas online con los doctores de las consultas privadas. Estos doctores normalmente son los mismos que trabajan en las clínicas y/o hospitales, que dedican parte de sus horas a atender en su oficina propia, y que no se les ocurre o no tienen las habilidades de marketing para disponibilizar esas horas a sus potenciales pacientes. A la mayoría ni siquiera se le ocurre. Esta idea es muy práctica, especialmente considerando que normalmente se cancelan el 20% de las horas médicas a última hora (valga la redundancia), y que además en las clínicas normalmente existe un colapso que hace que pueda llevarte hasta 2 meses encontrar hora con un especialista, siendo que puede ser que esa misma persona tenga un horario libre en su consulta privada ese mismo día.

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Esta sería el Home de Dr. Click

Lo primero que se me me cruzó por la cabeza es que esto seguramente ya se le había ocurrido a alguien, y es así como descubrí Zocdoc, un start-up gringo que se dedicaba precisamente a esto. Todo lo que leía sobre ellos tenía olor a oro líquido: “una empresa disruptiva”, “cambiando la forma en que la gente reserva horas con un médico”, “el mejor lugar para trabajar en Nueva York”, “Zocdoc recibe inversión por USD MM$ 10”, etc. etc. Lo leía y sonreía solo: estaba seguro de haber encontrado una mina de oro.

Yo soy ingeniero comercial (administración de empresas en otros países), y no tengo el conocimiento para desarrollar una aplicación web. Necesitaba un equipo de desarrollo (i.e. computines) que pudiese hacer realidad la idea. Por esas cosas de la vida, 2 de mis mejores amigos estaban relacionados a la tecnología, y evalué con quién de ellos yo creía que podríamos tener más probabilidades de tener éxito. Ambos equipos de trabajo se mostraron muy entusiasmados con la idea, lo cual me hizo difícil la decisión, pero finalmente opté por un equipo que tenía a 4 ingenieros civiles de muy alto nivel, con lo cual yo sentía que estaba comprando una especie de seguro: ¿cómo no iban a ser capaces de hacer esto bien? (2a lección: tratar de tener, a lo máximo 2 socios además de ti, sino, las responsabilidades se diluyen).

Así es como empezamos a trabajar. Teníamos varias misiones por adelante: comenzar con el desarrollo, ponerle nombre a la empresa, constituirla, registrar la marca, etc. etc. En el intertanto, yo seguiría trabajando como dependiente hasta que el producto estuviese más avanzado.

Comencé a juntarme con emprendedores muy abiertos como Alvaro Portugal (Blue Company), quien me dijo: “Si hay algo que te puedo recomendar, es que no salgas a levantar financiamiento si es que no tienes el producto listo, y con usuarios.” (lección Nº3). Por supuesto que no le hice caso. Por supuesto que tenía razón. Me empecé a reunir también con gente de la industria de la salud (laboratorios, gente de marketing, etc.) para ir aprendiendo y entendiendo el rubro en el que nos estábamos metiendo.

También comencé a leer artículos que encontraba a través de Twitter, Google y otros sitios, muy interesantes todos (4a lección: por mucho que uno lea, el aprendizaje de verdad se obtiene en el mundo real. Por eso la importancia de HACER cosas). En el intertanto mi mujer quedó embarazada y decidimos ampliarnos a algo en donde cupiéramos todos, lo que también significó que aumentara la mochila financiera.

Pensé en muchos nombres para la empresa, y al final llegué a un listado que se lo pasé a varias personas, las cuales votaron por el nombre que más les gustaba. El ganador, Dr. Click. Es impresionante el efecto que tiene nombrar la cosas. El hecho de que la empresa tuviera un nombre, la hizo inmediatamente más real.

Ya con el nombre en la mano, decidimos el logo y su slogan: “Dr. Click, tu hora, ahora”. Y todos los detalles administrativos asociados a esto: registrar el dominio (rapidísimo) y registrar la marca (si no lo haces bien a la primera, te puedes demorar hasta 2 años).

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Las primeras ideas de logo para Dr. Click

El momento anímico era muy bueno. Una de las cosas que llama la atención del emprendimiento es que desde la prensa y medios de comunicación (tele, radio, blogs, etc.) te pintan el emprendimiento como algo glamoroso, espectacular, lleno de energía, entusiasmo, gente muy creativa que siente que va a cambiar al mundo de manera definitiva y, por supuesto, todos se hacen ricos al cabo de un corto tiempo porque los compra Google o Facebook. Y uno, ingenuo, cree que es el siguiente de la lista. Que está a punto de hacer historia, y que va a ser el primer chileno que se codeará con Mark Zuckerberg. Qué niño más tierno, pienso ahora. No hay que tragarse toda la farándula del emprendimiento (lección Nº5). El emprendimiento es duro, es una batalla psicológica contra el mundo, y contra ti mismo. El emprendimiento es como un capítulo de ER: tu empresa llega muerta a la sala de emergencias, y solo un milagro y un buen desfibrilador la pueden salvar. Pero uno no lo ve así. Uno cree que va a ser la excepción.

Comienza la parte difícil: concretar la idea

El equipo de desarrollo del producto se juntaba todos los Jueves a diseñar la solución, en un principio, y a programar, después. Como normalmente, si no eres desarrollador, no entiendes mucho de lo que están haciendo, me confiaba en lo que ya les contaba antes: que eran personas muy capaces, y que sabrían llegar solos a sus metas.

También comenzamos a ver el diseño web de la página con una empresa que la verdad es que no nos tomó muy en serio, quizás por ser un emprendimiento. Nos demoramos muchísimos meses en algo que no debió haber tomado tanto. Sí, el resultado final les quedó bien, pero en un emprendimiento la velocidad es mucho más importante que la perfección (lección Nº6).

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Resultados de búsqueda

Poco a poco, empecé a sentir que el equipo de desarrollo no avanzaba, y decidí que debía renunciar a mi trabajo para meterles presión, y que se vieran obligados a avanzar más rápido. La fecha de salida: Abril de 2012. Y aquí me detengo: nunca jamás se les ocurra hacer esto. Fue un craso craso error, quizás uno de los más importantes en esta carrera. Esta decisión fue una mezcla de ansiedad, querer partir luego, querer ser emprendedor con todas sus letras, de apuro por creer que alguien iba a tener la misma idea e iba a llegar antes que nosotros (sí, la paranoia se vuelve grande), y de lo ya mencionado, querer generar presión para apurar el desarrollo.

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Renunciando “para siempre” al trabajo como empleado dependiente

¿Por qué siento que fue un error tan grande? Porque aquí fue cuando comenzó el desgaste. El trabajo en que yo estaba me encantaba, dado que la empresa (Seguros Continental) era como una gran familia, a una escala muy humana y muy centrada en las personas (siempre agradeceré haber trabajado allí). Irme no fue fácil, y me fui con pena. Pero eso se supera, y es parte del crecimiento personal.

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Momento simbólico: colgando las corbatas en un lugar perdido del armario

Yo soy  muy planificado en el tema financiero, asi es que había hablado de antemano con mi padre para trabajar medio día con él en un proyecto que tenía para su empresa, y de esa manera generar algún ingreso adicional que me permitiese no desfinanciarme tan rápido (esta fue una buena idea, y es la lección Nº7: siempre trata de minimizar el riesgo), pero igualmente el ingreso que recibía era menor al que recibía en Continental, y todos los meses tenía un déficit que iba mermando mis finanzas.

Yo tenía algunos ahorros que nos permitirían, como familia, estar bien por un buen tiempo, siempre que mantuviese otros ingresos. Siempre es sano calcular dinero para sobrevivir al menos unos 2 años, y a eso sumarle algunos meses más, que son los que te podrías demorar en encontrar un nuevo trabajo, si es que todo saliese mal (aunque, según el diario, a los emprendedores nada les sale mal).

Bueno, la cosa es que mi salida no apuró en nada el desarrollo, asi es que ahí estaba yo, un emprendedor sin nada que vender. En el intertanto, nació mi 2a hija, asi es que estaba durmiendo poco y mal. La llegada de un nuevo integrante al clan siempre requiere de adaptación, tanto para los padres como para los niños, asi es que supone también una fuente de cansancio, estrés, y momentos duros. La madre, por razones naturales, se enfoca en el bebé, y uno no quiere cargarle la mano con más problemas, pero uno también necesita desahogarse, ya que ser emprendedor puede resultar muy solitario.

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En menos de 6 meses: me cambié de casa, nació mi hija, me fui de un trabajo que me encantaba, pasé a tener 2 trabajos (el propio y el de la empresa de mi padre), con toda la carga psicológica que tiene responder en 2 frentes, y pasé a tener déficit financiero mensual, a dejar de cotizar para mi jubilación, etc. Todo esto empezó a tejer lentamente una trampa psicológica, y empezó a pasarme la cuenta.

No hay que confundirse: creo que sí es absolutamente necesario dedicarse en un 100% al emprendimiento, pero también es crucial saber decidir a partir de cuándo.

La búsqueda del financiamiento

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“Sufriendo” en Viña del Mar, en el Booster Camp de 3iE

En el intertanto, empecé a hacer lo que todo buen emprendedor tiene que hacer en algún minuto: buscar financiamiento para su empresa. Y aquí adelanto la lección Nº8: es imposible crear una empresa sin invertir recursos en ella. Y cuando me refiero a recursos, no me refiero solo a horas hombre: me refiero a dinero, cash, constante y sonante. No se puede construir algo a base de buenas intenciones. Punto.

En donde primero lo empezamos a notar fue en el desarrollo: mis socios me empezaron a manifestar que sería bueno contar con alguien que pudiese dedicarse a tiempo completo a codificar. Pero también necesitábamos darnos a conocer, invertir en marketing, tener vendedores, etc.

Y, sin darme cuenta, empecé la búsqueda. Partí por buscar financiamiento entre la familia y los amigos, pero no tuve suerte: nadie se quiso arriesgar (entendible). Luego, pasé a los canales más formales. Fui a redes de inversionistas ángeles, incubadoras (Start-Up Chile, Fundación Chile, UDD Ventures, Wayra, 3iE de la Universidad Santa María, Broota), y capitalistas de riesgo. No estaba teniendo nada de suerte. Nunca fueron muy claros en decirme por qué NO nos financiaban, pero con el tiempo me fui dando cuenta de que en parte era porque no teníamos el producto listo, lo que significaba para ellos más riesgo a la hora de invertir, y por otro lado mi equipo estaba completamente ausente en este tipo de presentaciones (con excepción de 1 vez), y los inversionistas me veían como un emprendedor solitario, más que como parte de un equipo, cosa que también juega en contra a la hora de postular (lección Nº9).

Una de las cosas más entretenidas que me toco hacer en la búsqueda fue ir al Booster Camp de 3ie en Enero de 2013. Nos hicieron un montón de charlas, trajeron emprendedores, nos enseñaron a presentar en 3 minutos, vinieron inversionistas con los cuales tuve reuniones después…tremendamente interesante. Ahí pasé a 2a ronda (nuevamente solo), pero no quedé entre los ganadores, que fueron hartos. Estuve rozando la gloria, pero no lo conseguí, y la verdad es que volví bastante cabizbajo a la casa, un Domingo por la noche, luego de haberme llenado de ilusiones. Pero sin duda fue una gran experiencia, y además conocí gente interesante. Punto para los organizadores.

Tardó, tardó bastante, pero el financiamiento llegó meses después: nos ganamos un Capital Semilla a través de la incubadora de GECHS, a los cuales siempre les agradeceré esta oportunidad. Este es un hito grande para alguien que está empezando con un negocio. Saber que alguien está apoyando tu idea te da un nuevo impulso para salir adelante.

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¡Tenemos financiamiento!

El financiamiento es un temazo, especialmente acá en Chile. La buena noticia es que hay inversionistas, y son varios. Hay mucha gente dispuesta a poner dinero, a jugarse una ficha, a apostar. Eso es una buena noticia. El problema es que aquí no existe una cultura de financiamiento (o al menos no existía cuando yo estaba buscando) para emprendimientos web. En Estados Unidos existen fondos que invierten en 10 o 20 empresas, de las cuales 3 o 4 sobreviven, y ojalá con 1 le den el palo al gato. Tiene mucho sentido, ya que los emprendimientos web son muy riesgosos. Pero acá en Chile no es raro ver inversionistas que se juegan bastante dinero en 1 sola iniciativa. Como la mayoría de estas empresas mueren, entonces los financistas se decepcionan del rubro tecnológico, y toman una actitud negativa hacia este (porque parten apostando en él porque creen que es una apuesta más segura, dado que el futuro es la tecnología).

A diferencia de EEUU, aquí en general los inversionistas generalmente piden el 50% de la empresa de inmediato (allá generalmente la primera ronda aporta una cifra más alta que acá, y solo exigen un 20%-25%). Esto nace básicamente de la desconfianza: nadie quiere poner dinero sabiendo que después no podrá decidir sobre el futuro de la empresa.

Hay muchos emprendimientos que optan por hacer bootstrapping. Es decir, que la empresa comience a generar ingresos, y que esos ingresos se reinviertan para hacerla crecer. Esto es normal en otros emprendimientos, pero bastante complicado en el mundo web. ¿Cuál es la razón? El crecimiento explosivo. En este mundo generalmente se dan tasas de crecimiento mucho más altas que en un negocio tradicional. Es decir, de un día para otro pasas de no tener nada, a tener cientos de miles o millones de usuarios. Y esto obviamente genera una presión sobre la estructura de la empresa, ya que hay que tener un equipo tecnológico que pueda diseñar una plataforma que soporte esta cantidad de gente, personas que contesten las dudas de quienes visitan el sitio, crear nuevos productos para esta audiencia, etc. Para todo ello, se necesita dinero. Y, como la empresa aún está muy verde y sus ingresos son, con casi 100% de probabilidad, muy bajos, la única alternativa que le va quedando es salir a buscar capital. Asi es que si en algún momento vas a hacer un emprendimiento tecnológico, es muy muy probable que tengas que buscar a alguien que te lo financie.

Con este nuevo impulso, parecía que las cosas tomaban el rumbo correcto. Pero no todo lo que brilla es oro. En el siguiente capítulo les cuento por qué.

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