La tormenta perfecta (La historia de Dr. Click – parte 3 de 4)

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Ser emprendedor “es cool”. Aquí, aspirando la oficina

Ya estamos entrando en tierra derecha, aquí va la 3a parte de esta historia. Si te las perdiste, aquí puedes revisar la 1a y la 2a.

Todo parecía ir bien, pero la verdad es que no era para nada así. Después de 10 meses de independizado, aún no contaba con un producto que estuviese listo para vender, estaba teniendo problemas para manejar el estrés, los cuales se trasladaban a la casa, y no parecía que esto fuese a tomar un mejor rumbo. Así estaban las cosas:

Producto y Clientes

Tal como adelanté, la página web ni siquiera se encontraba en línea. Tomamos una mala decisión, principalmente por falta de experiencia, y decidimos desarrollar primero la agenda del doctor, que sería utilizada para disponibilizar sus horas online, y luego desarrollaríamos la web. Craso error. Luego aprendí que una mucho mejor estrategia es primero generar tráfico, para validar que existe algún interés por parte de los usuarios, y luego decidir qué se puede hacer con este tráfico.

Luego de casi 1 año de “in the pendiente”, como diría Kevin Johansen, realmente no tenía nada que ofrecer, y el desarrollo de la web se veía muy incipiente (luego también aprendería que la estrategia que tenía en mente no era sostenible, y que probablemente hubiese fallado aunque hubiese llegado a ese punto).

Aún así, fui capaz de meter a casi 10 doctores y dentistas para que empezaran a utilizar la agenda, aún sin la web disponible, es decir, sin poder recibir pacientes (todavía no entiendo como lo logré, ya que en verdad no era un producto atractivo para ellos). Es decir, ya teníamos cierta interacción con el mundo real, a pesar de lo pequeña que fuera.

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La agenda del Dr.

Por otro lado, invertí tiempo en crear una pequeña audiencia en Twitter (llegamos a casi 700 followers), Facebook (320 “me gusta”), además de crear un blog para atraer usuarios, tener una comunicación activa con ellos, y en algún minuto empezar a hablarles de la plataforma. La verdad es que estas actividades quitan bastante tiempo, y no recomiendo partir con ellas al principio (lección Nº 10), a menos que sean centrales en la estrategia (por ejemplo, alguien que venda sus productos a través de Facebook). Creo que me distrajeron más que ayudarme a enfocarme a construir el producto. Ninguno generó grandes movimientos ni tráfico, y creo que debieron haber entrado en competencia mucho después.

Como contaba en la segunda parte, me junté con varias personas de la industria, la mayoría de ellas reuniones bien interesantes y de las cuales aprendí mucho. También aprendí que uno se encuentra con gente muy mediocre. Me reuní con el presidente de un colegio de profesionales (no voy a mencionar cuál, pero no era el de los médicos) para contarle la idea, decirle que sería muy beneficioso para la gente de su rubro contar con algo así, ya que era una herramienta muy buena para promover y potenciar su profesión, y así no depender tanto de las instituciones de salud, y la respuesta me dejó helado: “tu deberías pagarle al colegio por destacar una herramienta así”. Me quedó claro que no tenía ningún interés en velar por los intereses de la gente de su rubro, por cómo hacer su trabajo más fácil y mejor. Fue bien triste, y me costó bastante entenderlo y aceptarlo.

Problemas con los socios

Que el producto no saliera nunca empezó a mermar mi confianza en la capacidad que tenía el equipo de desarrollo para cumplir con su misión.

Ya estábamos hablando de buscar un desarrollador que pudiese dedicarle más horas a escribir código, lo cual fue una señal que no supe leer de que las cosas iban más lento de lo planeado.

Mirando hacia atrás, esto es lo que concluyo que ocurrió:

  • Mis socios no invirtieron suficientes horas semanales como para sacar el proyecto adelante.
  • Demorarse tanto los desmotivó, y el proyecto se transformó en una carga para ellos.
  • Al perder la motivación, dejó de ser una prioridad, y a veces no se juntaban porque tenían otras cosas que hacer.
  • Como eran tantos, se diluyó la responsabilidad de sacar el proyecto adelante, y más bien compartieron un sentimiento de frustración en común.

A esto se suma que contrataron a un abogado que llevó el tema de la constitución de la sociedad a un extremo ridículo, generando un clima de desconfianza y poniendo cortapisas para llegar a un acuerdo, a tal punto que ni siquiera logramos constituir la empresa. Fueron meses y meses de negociaciones, como si lo nuestro se tratase de Facebook, cuando en realidad ni siquiera teníamos donde caer muertos.

Lección Nº 11: las capacidades técnicas no son , por sí solas, suficientes para sacar un emprendimiento adelante.

A pesar de lo anterior, igualmente asumo como personal el fracaso de no haber podido sacar el producto. Al final, yo era máximo responsable, y no fui capaz de obtener resultados. Delegué esta responsabilidad demasiado, fui poco exigente, y me confié demasiado en las capacidades de mis socios, cuando habían otras cosas que estaban fallando.

Problemas de salud

“Gracias” a Dr. Click, descubrí lo que era una crisis de pánico. Nunca había tenido una en mi vida, y me tocó vivirla producto de la tensión a la que estaba sometido.

Ya comenté que tenía un bebé recién nacido en casa, estaba durmiendo poco, tenía muchas preocupaciones, tenía que rendir en 2 trabajos, me estaba desfinanciando lentamente, dejé de cotizar para mi fondo de pensiones, me gasté todo el dinero del seguro de desempleo, el producto no veía la luz y no tenía para cuando…el tiempo pasaba, y no se veían resultados.

Antes de terminar el 2013, mi cuerpo dijo basta. Mis preocupaciones me sobrepasaron, pero me costó darme cuenta. Me empezaron a pasar cosas extrañas: estaba muy sensible a los ruidos (me asustaba hasta con el cañonazo de las 12 en el centro), también muy sensible a la luz, me mareaba al caminar, y empecé a tener pensamientos negativos. El principal de ellos es que pensaba que en cualquier minuto me iba a dar un ataque cardíaco y me iba a morir (lección Nº12: el estrés del emprendimiento puede gatillar problemas de salud).

Sí, aunque suene absurdo, eso es lo que se me pasaba por la cabeza. El estrés me había comido el coco, y empecé a tener miedos irracionales. Me costó darme cuenta que tenía que ir al doctor (qué irónico), pero finalmente me hice chequeos médicos, y el doctor me dijo que estaban todos bien, y que este era un problema psicológico. Y así es como finalmente me terminaron diagnosticando un cuadro de ansiedad, que también se manifestaba a veces con crisis de pánico. Qué peor aliado para tratar de sacar un emprendimiento adelante.

Lo peor es que esto también se fue trasladando a la casa. Empecé a tener cambios de humor, era un plomo con mi mujer, cada vez aportaba menos a las peques de la casa. Perdí el humor. Todo eran preocupaciones. Me transformé en un problema para mi propia familia, algo que uno cree no quiere que pase. Pero pasó. Mi señora me aguantó estoicamente, pero lo pasó mal. Y yo también lo pasé mal, muy mal. Estuve en el infierno, sin nadie que pudiese entender realmente lo que me estaba pasando (la única forma de entenderlo es vivirlo), y tuve que salir casi solo del problema, con escaso entendimiento de lo que me pasaba, y armando yo el plan para mejorarme a base de leer en internet a otra gente que pasó por lo mismo, con los restos de lo que quedaba de mi.

El panorama, para ser sinceros, era bastante negativo en todo sentido. Lo lógico era tirar la toalla, decir “hasta aquí no más llegamos”, y cerrar el boliche. Pero, hasta el momento, eso no se me había pasado por la cabeza

Como en toda buena historia, aún quedaba un twist inesperado en esta historia en la trama

Cambio en el equipo

En la búsqueda permanente de mejorar y proyectar el potencial negocio, se me ocurrió contactar a alguien que se estuviese dedicando a lo mismo, para poder validar los supuestos de mis proyecciones económicas del negocio (ingresos, recursos necesitados, etc.).

La empresa lógica a contactar para hacer estas preguntas era Zocdoc, el espejo en el cual yo me estaba mirando. Pero cuando uno emprende por primera vez, es un poco ingenuo y paranoico. Entonces, pensé “no los voy a contactar, ya que sino los voy a alertar y quizás que quieran expandirse a Chile y me quede sin negocio” (aquí es donde tienen que decir “¡qué tierno!”). Pensé que mi emprendimiento les iba a importar algo: iba a apurar su decisión de invertir en Chile (!). Hasta el día de hoy me río de lo importante que me debo haber creído, cuando en verdad no existíamos (literalmente!).

La cosa es que dije: “voy a buscar una empresa que quede lo más lejos posible, para que sea más complicado que se quieran venir a meter a Chile”. Asi es que me metí a Google (estamos hablando ya de Junio 2014), y puse “European Zocdoc”, y di con una empresa polaca llamada DocPlanner.com. Escarbando un poco, logré contactarme con su CEO, y comencé a hacerle las preguntas que quería responder, y me encontré con la sorpresa de que era muy abierto, y me respondía cada cosa que le preguntaba, lo cual me llamó mucho la atención (positivamente). Luego de un par de intercambios de mails, quedamos de hablar por Skype.

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Finalmente llegó una propuesta que no estaba buscando: “¿qué te parece si unimos fuerzas?”

Asi es que a Polonia los pasajes. Me fui a Varsovia, y conocí al equipo de DocPlanner en pleno, llevándome una increíble sensación. Eran muy profesionales, muy enfocados, muy eficientes…nunca había visto algo así.

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Sala de reuniones “Alicia en el País de las Maravillas” en DocPlanner.com

Negociamos algunas cosas (potencial % de participación, sueldo, etc.), y todo se dio bien. Mi situación en ese momento era bien complicada, y frente a mí tenía finalmente una oportunidad concreta de que el sueño se hiciera realidad, más encima estabilizando mis finanzas personales y permitiendo que finalmente pudiese ser 100% independiente. Tenía que hacer esto.

Y esto gatilló 2 situaciones que yo sabía que me iban a costar mucho, y que me ponían muy tenso: 1) Decirle a mis socios que no iba a seguir el proyecto con ellos (después de más de 1 año de trabajo, horas extras y sacrificios personales, aún cuando no hayan podido entregar resultados) 2) Decirle a mi papá que no iba a seguir trabajando en su empresa.

Me di 350 vueltas para saber cómo decir esto, me tuve que comer los nervios, y finalmente en ambos casos sintieron más alivio que otra cosa.

No es para nada fácil tener que plantear algo así, y estoy orgulloso de haber enfrentado mis miedos, a pesar de que era algo que no apetecía en absoluto, especialmente si estaban involucrados uno de mis mejores amigos y mi papá, porque uno nunca le quiere hacer daño a la gente que le importa.

Como no se lo tomaron mal (más bien, todo lo contrario), al final yo también terminé aliviado, y eso abrió espacio para que entraran nuevos aires al proyecto.

¿La luz al final del túnel?

La historia parecía estar dando un giro inesperado: contaba con financiamiento para la empresa porque me había ganado un subsidio de USD 100.000, nuevos socios que me entregarían un respaldo más potente y conocimiento sobre cómo hacer exitoso este proyecto, iba a poder estabilizar mis finanzas, independizarme 100% y contar finalmente con un producto para vender.

Después de todo el sufrimiento, al parecer Dr. Click iba a despegar. 

Puedes encontrar el final de la historia acá.

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