Criar niños: el mayor emprendimiento de todos.

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No todo el mundo está interesado en el emprendimiento, ni quiere ser emprendedor, y eso está más que bien, pero muchos vivimos en algún momento de nuestras vidas el emprendimiento más grande de todos: ser padres.

Así es, ambas situaciones tienen mucho en común.

Ambas experiencias parten con mucha ilusión, y también con mucha ingenuidad. Nadie se imagina lo que significa este “trabajo” hasta que le toca hacerlo. Muchos dijimos en su momento “lo único que quiero es ser papá”, sin tener idea los sacrificios que tiene atrás. Un clásico de todos los tiempos: el compañero de trabajo que se te acerca y te dice “aprovecha de dormir”, en vez de darte las felicitaciones. La primera alerta de que no es tan fácil como uno cree.

No importa cuanto uno lea sobre crear una empresa. Lo cierto es que uno aprende recién en la práctica, cuando uno está con las manos en la masa. Lo mismo pasa cuando uno tiene hijos. No hay libro que pueda explicarte lo suficientemente bien lo que tienes que hacer para criar un niño. Uno va aprendiendo en el camino, a “prueba y error” (y lamentablemente muchos de esos errores se los come el primogénito, sin ser su culpa). También es cierto que uno aprende la primera vez, y a la segunda ya tiene más claro qué cosas hacer, y qué cosas no.

Si quieres ser un buen padre, necesariamente debes darle a tu hijo una gran dedicación. Son muchas, muchísimas horas…casi todas las que hay disponibles. Lo dejas casi todo de lado por ellos. Pero la retribución también es enorme, porque regando la “plantita” es que ellos crecen, aprenden, y ganan armas para enfrentarse al mundo. Y eso es también lo que hace un emprendedor con su empresa. La pare, la cría, y la hace crecer hasta que tiene vida propia. La única diferencia es que uno no pretende vender a su hijo después, jeje (aunque digamos que hay más de uno que sí pretende hacerse millonario aprovechando algún talento de su retoño).

Por el lado financiero, la inversión es en ambos casos justa y necesaria. Por ahí dicen que criar un hijo cuesta 1 millón de dólares. No sé si será para tanto, pero sí que consume recursos! Para que hablar de una empresa…En ambos casos hay una retribución: en el caso de la empresa es monetaria, en el caso de los hijos es emocional.

Tanto al criar a un niño, como a una empresa, nos vemos enfrentados a altos y bajos, a buenos y malos momentos. Momentos de emoción, momentos de furia. El involucramiento personal es enorme, y uno vive con intensidad cada sentimiento. Las situaciones complicadas son BIEN complicadas, y momentos buenos son MUY buenos. 

Ambos afectan la relación de pareja, la cantidad de horas que nos podemos dedicar, y la cantidad de cosas que podemos hacer juntos. Si uno pone su foco solo en criar, o solo en emprender, corre el riesgo de enfriar o dañar la relación, y muchas veces ese daño puede ser grande. Por otro lado, si logramos un equilibrio entre ambas cosas, si logramos compatibilizar y conciliar, los niveles de felicidad se pueden disparar a extremos inimaginables. Si estás sintonizando en la misma frecuencia que tu otra mitad, si ambos se suben al mismo carro, pueden llegar mucho más lejos y ser mucho más felices haciendo las cosas que aman.

Pero hay una gran diferencia…

Tu empresa no va a estar contigo cuando te enfermes. No te va a ir a ver a la clínica. No te va a sacar a pasear cuando estés viejo. No te va a decir “otra vez vas a contar lo mismo?” cuando repitas esa historia. No te va a recordar cuando ya no estés. No va a salir a comer contigo, ni tampoco te va a acompañar al estadio, al cine, o a donde te guste ir. No van a ir a lavar el auto juntos, ni te hará cariño en la cabeza cuando llegues a casa. No te va a escuchar, ni te va a querer infinitamente. No te adorara a pesar de que te equivoques. No va a bailar mirándote a los ojos el día de su boda, ni te irá a buscar cuando esté en problemas. No vibrará contigo, y no te mirará con ese cariño y admiración inmensos.

Uno a veces viaja lejos en búsqueda de la trascendencia, pero bajo su propio techo tiene la mayor oportunidad de lograrla. Nadie te querrá de manera más incondicional que un hijo. A nadie le importarás más. En ningún lado encontrarás a alguien que te idolatre de esa manera irracional, que perdone todos tus errores y que te quiera tal como eres, con todas tus imperfecciones.

Ser papá es la oportunidad más grande que uno tiene para dejar una huella en el mundo, y no hay nada que se le compare. Ningún trabajo, ningún emprendimiento, le llega siquiera a los talones. Tratemos de recordar esto cuando lleguemos cansados del trabajo y no queramos hacer nada más con nuestros hijos, cuando hayamos tenido un mal día, cuando nos hayamos peleado con ellos.

Es fácil enfocarse en las cosas negativas, pero hay que hacer un trabajo consciente para recordar que las positivas son muchas más.

Papás, disfruten y dedíquense a su emprendimiento más grande 🙂

 

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