La muerte de alguien que te importa

la muerte

La muerte es un tema taboo en muchas culturas, mientras que en otras se vive con mayor normalidad. Muchos de nosotros la enfrentamos con más o menos miedo. Nos da susto irnos antes de tiempo y dejar solos a los que queremos, y también nos da mucho susto quedarnos sin las personas que más queremos.

Vivimos en un mundo físico, sensorial, en que todo lo que aprendemos lo captamos por alguno de nuestros sentidos: mirando, escuchando, tocando, oliendo o palpando, y ese es precisamente uno de los aspectos más dolorosos de la muerte: perdemos de manera abrupta la posibilidad de seguir comunicándonos a través de todos estos sentidos con esa persona que tanto nos importa, de seguir construyendo una historia en conjunto.

Hay distintas formas y circunstancias en que podemos perder a los que queremos, y eso hace que ningún luto sea igual al otro. Además, cada uno de nosotros tiene su propia manera de enfrentar estas experiencias límite.

 

Pero hay algo que es cierto, y esto es independiente de las creencias religiosas: cuando se muere una persona que te marcó, esa persona sigue viviendo en ti. Basta que un solo recuerdo permanezca vivo, para que esa persona siga existiendo, aún cuando físicamente ya no la tengamos cerca.

No es necesario creer en un más allá ni un espíritu para que sea cierto. Si tu forma de dar cariño es una versión de la forma en que lo hacía tu mamá, si tu papá te enseñó valores que pones en práctica todos los días, si ves la vida con otro prisma porque tu hermano te abrió los ojos… Si esta, o cualquier otra cosa que hayan cultivado como parte de su historia en común se mantiene vigente, entonces esa persona sigue estando presente en ti. Limitar nuestra experiencia con una persona a la parte física hace más difícil que los recuerdos permanezcan vivos. Uno quiere a alguien por lo que te hizo sentir, por como te marcó, por las experiencias que te transmitió, o las cosas que vivió contigo. Y esas experiencias no desaparecen cuando el cuerpo deja de funcionar. Al contrario, pueden permanecen por el resto de tu vida.

Mientras siga vivo el recuerdo, esa persona sigue existiendo para ti. Si cuando la recuerdas vuelves a sentir amor, cariño, aprecio o cualquier otro sentimiento, entonces esa persona no ha muerto. Suena absurdo, pero verlo bajo este prisma realmente cobra mucho sentido.

Por supuesto que es doloroso no poder seguir conectados con esa persona a través de nuestros sentidos, compartiendo nuevas experiencias y haciéndonos crecer como personas. Uno nunca supera la falta de alguien importante en nuestras vidas, sino que simplemente aprende a convivir con su ausencia. Pero esa persona sigue viva en el recuerdo, en las emociones, y está en nosotros mantener esa llama viva, mantener a esa persona presente en nuestras vidas.

La esencia de una persona que ha sido muy importante para nosotros nos sigue acompañando aún cuando ya no la tengamos a nuestro lado, y lo seguirá haciendo hasta que seamos nosotros los que partamos, y otros los que nos recuerden.

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