La difícil tarea de compatibilizar paternidad y trabajo

conciliacion laboral

El mundo ha cambiado mucho en los últimos 30 años. La globalización, los computadores, internet, el acceso casi ilimitado a la información…todo esto ha hecho que cambie la forma en que nos comunicamos y la forma en que interactuamos con las personas, tanto a nivel personal como a nivel laboral.

Se han consolidado los derechos de la mujer y ellas se han insertado exitosamente en el mundo laboral, ganando mucha más independencia (económica) de la que tenían en generaciones anteriores. El machismo lentamente ha ido bajando en la sociedad (aunque aún queda mucha tarea por hacer), y cada vez pareciera que nos acercáramos a un mundo más igualitario entre el hombre y la mujer.

A raíz de esto, comenzaron a surgir las primeras voces respecto a la conciliación laboral. ¿Cómo hacer para poder trabajar, y a la vez estar presente con los hijos? Esta pregunta caló, y sigue calando hondo en las mujeres, que antes estaban más recluidas en el hogar, y no tenían que tomar decisiones en este sentido. Muchas se preguntan si finalmente el cambio fue para mejor o fue un autoengaño, dado que asumieron más responsabilidades laborales, pero no disminuyeron las del hogar.

Dentro de esta evolución, y como tendencia de los últimos años, el tema de la conciliación está apareciendo en grupos de padres que quieren involucrarse y estar mucho más presentes en el día a día con sus hijos. Son padres que quieren cambiar pañales, dormir a sus hijos leyendo un cuento; quieren estar ahí en sus presentaciones escolares y preescolares. Padres que, independiente de poder alcanzar o no la perfección en su labor, quieren entregar mucho cariño a sus hijos y que entienden que una parte importante para poder conseguir esto es precisamente pasar más tiempo con ellos.

Y es aquí en donde empieza a chocar esta nueva forma de ver las cosas, con la antigua manera de hacerlas. Estamos en una generación de transición, en donde los altos mandos de las empresas aún están criados a la vieja usanza, muy preocupados de los horarios, y de que los empleados lleguen a la hora, y no se vayan antes de la hora. Sin embargo, el mail y los mensajes de WhatsApp persiguen a los trabajadores en horarios de descanso, y hay que contestarlos.

Vivimos en un mundo en que “lo normal” es trabajar de 8:30 a 18:30, con largos horarios de traslado a casa, en donde en la semana se hace muy difícil estar y compartir con los hijos.

Para los padres esta tarea es particularmente titánica porque, así como en la economía existe la mano invisible, en la conciliación de los padres existe el dedo invisible, ese que te apunta cuando quieres conciliar tu trabajo con la crianza de tus hijos. Un estigma social en que “los asuntos de los niños son cosas de la mujer” y, por lo tanto, no corresponde que el hombre se tome tiempos adicionales para actividades que tengan que ver con la paternidad, desde ir a buscar a tu hijo al colegio, hasta llevarlo al doctor

Y no se trata de hombres que quieren dejar de trabajar, ni que estén a disgusto en el ámbito laboral. Al revés. Al menos en mi caso, me gusta mucho trabajar y lo disfruto. Tengo la suerte de contar con algunos grados de flexibilidad que me permiten ir a buscar a mis peques al colegio un par de veces en la semana, y la verdad es que lo valoro. Pero el mundo está organizado para que trabajemos largas horas en la semana, y lo cierto es que cuando llegamos en la noche, el cansancio ya se ha apoderado de los peques, y también de nosotros. Y, aunque lo disfracemos de “calidad”, lo cierto es que los niños también necesitan cantidad. Cantidad de horas que pasamos con ellos.

Se requiere un primer grupo de valientes que saquen la cara, y que se atrevan a decir explícitamente, y sin vergüenza, que no, que el reporte tiene que esperar porque voy a ir a la fiesta de fin de año del colegio, que la reunión deberá ser en otro horario porque justo a esa hora tengo que llevar al niño a un control. No es para nada fácil, porque el peso de la historia es fuerte, y ejerce presión.

Puedes encontrar los testimonios de muchos hombres que piensan de esta manera en #papiconcilia, que están sacando la voz, y que están haciendo notar que no somos pocos los que queremos un mundo mejor, un mundo de mayor conexión con nuestros hijos. Estamos hablando del futuro de nuestra especie, ¡¿cómo no va a ser eso más importante que una planilla Excel?!

Habemos varios que queremos un cambio. No solo para nosotros, sino para nuestro género. Todavía hay muchos a los que no les interesan este tipo de temas, pero poco a poco la conversación se irá instalando y, en la medida que lo vaya haciendo, tendremos una mejor sociedad, con niños que crecerán más felices, y rodeados de un mayor cariño y afecto, lo que nos lleva inevitablemente a un mundo mejor.

Alza la voz y no tengas vergüenza. No estás solo. ¡El cambio es posible!

 

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