El pasto siempre es más verde en la casa del vecino

 

Pasto mas verde en la casa del vecino

Esta frase es muy común en Estados Unidos, y la verdad es que refleja muy bien al ser humano. Algo tenemos en nuestros genes, que creemos que quienes nos rodean siempre están mejor o tienen algo que nosotros no tenemos. Y esto lo aplicamos a prácticamente cualquier cosa que se nos ocurra: creemos que el vecino tiene una forma de encarar la vida mejor que la nuestra, una actitud que ya quisiéramos, una pareja con quien se complementa más…y, por supuesto, también lo material: el auto, los viajes, su cargo, y un largo largo etcétera.

Una de las raíces del problema es el no apreciar lo que tenemos. En las relaciones de pareja siempre se dice que uno no valora lo que tiene, hasta que lo pierde, y creo que es muy cierto. Después de un tiempo de relación, uno empieza a dar por descontadas las cosas buenas que tiene la media naranja: que sea una buena persona, que te trate bien, que se preocupe por ti. Pero, sin embargo, empezamos a meter presión sobre las cosas que la pareja no cubre: no me hace caso, no le gusta la vida social, se sienta a leer en vez de a conversarme, no me escucha lo que yo quisiera, y una larga fila de cosas que al final pueden terminar siendo muy dolorosas en la relación.

También ocurre a nivel de pareja, como institución, ya alejándonos un poco mas del individuo. “Ellos viajan todos los años”, “no se gastan la plata en estas tonterías”, “se preocupan de lo importante, y no de tonterías”, “se ven tan bien”, “salen a trotar juntos”, “el la acompaña a todas partes”.

Inevitablemente se cae en la idealización, y empezamos a encontrar y creer que realmente el pasto es más verde en la casa del vecino, aunque es casi seguro que ese vecino también se queja de lo que tiene, no está del todo contento y también está mirando el pasto del vecino del otro lado.

Aparte de olvidarnos de valorar lo que tenemos, hay otra cosa que influye, y que está relacionada a cómo funciona nuestro cerebro. Es el “efecto zapping”, el hecho de sentir que te estás perdiendo de algo mejor por estar haciendo lo que estás haciendo en ese minuto. Cuando estamos viendo televisión, muchas tenemos puesto un programa muy bueno, pero igualmente cambiamos a otro canal para ver si están dando algo aún mejor. Y al final no disfrutamos el programa que estaba entretenido, ya que nos quedamos pensando en que podía haber otro mejor. Y no nos damos cuenta, pero eso lo repetimos constantemente en otras cosas que vamos haciendo en nuestras vidas. Al final, nos olvidarnos del presente, de lo que tenemos, y enfocarnos en conseguir lo que no tenemos.

Una vez que entramos en el espiral comparativo, es muy difícil que podamos estar contentos, ya que siempre creemos que habrá algo mejor esperándonos y, por lo mismo, nunca vamos a estar suficientemente contentos con lo que tenemos. Y, como bonus track, podemos empezar a dejar heridos en el camino. Es muy dañino comparar a tu papá, a tu pareja o a tu hijo con otra persona. Los sentimientos que se pueden generar en esa otra persona son muchos: rabia, resentimiento, impotencia, sentirse poca cosa, poco valorado, tonto, etc. Y los daños pueden ser a largo plazo. Lo peor es que las comparaciones son pan de cada día, y no nos damos cuenta de lo malas que son en muchos aspectos.

La solución a este problema es interna, mental, personal. Hay que cambiar la actitud para no caer en este mal hábito, porque no es más que eso, un hábito. Intentar no compararse con el resto, sobretodo porque “el resto” también está haciendo lo mismo, y pensando lo mismo, pero al revés: que algún aspecto de tu vida es mejor que la de él, y que tienes suerte de ser tú, y no él.

Dejar de compararse alivia un montón de tensiones internas auto-generadas. La clave es valorar lo que tenemos. Porque todos tenemos algo, hasta el que se considera “el más miserable”. Y no solo podemos, sino que debemos aferrarnos a ese algo, para hacerlo proliferar y construir, paso a paso, un jardín con un pasto muy muy verde. Asi como existen los círculos viciosos, también existen los virtuosos. Dejar atrás la vieja mentalidad comparadora y asumir una más libre, no solo es positivo en sí, sino que trae más cosas positivas consigo.

Es importante dar una mirada hacia el interior nos permita ser conscientes de lo que tenemos, y  así poder comenzar a valorarlo. No demos las cosas por sentado, sepamos que cualquier día las podríamos perder. Suena un poco fatalista, pero es una forma de empezar a sentir que somos afortunados con lo que ya tenemos, y no con lo que “podríamos tener”. Apreciar nuestras cosas, y lo que somos, es una de las claves de la felicidad, porque nos centra en el ahora, y nos hace sentir que no tenemos que buscar la felicidad, porque ya la tenemos. Solo tenemos que darnos cuenta.

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